
Recuerdo haber visto esta película en mi pre-adolescencia, sobre un tipo que no está loco que se dedica a meter bardo en un manicomio, y como era de esperarse, termina mal… Y albergar la esperanza de que era una película muy pesada para mi entonces, y que tiempo después la vería y estaría preparado para ella. Pues bien, anoche vi que tuve razón todos estos años. Bien por mi!
En primer lugar el título: Qué costumbre la de acá, de cambiar los originales bajo no se qué concepto y usar pavadas como “Atrapado sin salida”, cuando el original es “Uno voló sobre el nido del cuco”. Al ver la película uno se da cuenta de lo denso y apropiado de este título. Si no lo conocemos, nos estaremos perdiendo parte importante de la historia…
Lo segundo que se me viene a la mente son los actores. Pareciera planeado que la mayoría de los reclusos salientes sean tremendos actores que reconocemos y no sabemos su nombre. Christofer Lloyd: el “Doc” que invento la maquina para viajar en el tiempo; Vincent Schiavelli: el atormentado, tremendo y paranoico fantasma del subte que le enseño a Patrick Swayze a hacerse notar; Brad Dourif, el consejero de cara pálida y diabólica que enfermaba a Théoden con sus palabras… Y por supuesto el enorme y siempre impecable Jack Nicholson y el pequeñísimo y siempre impecable Danny DeVitto.
La historia es la que conté más arriba, pero no es lo más importante. Lo realmente apreciable es la sensación de confinamiento y el consiguiente anhelo de libertad. Pocos ambientes son tan cláustricos como un hospital mental donde las puertas reales no están cerradas. Y ni siquiera hará falta el ambiente si se sabe leer de antemano el pre-final de la película, cuando el protagonista encuentra su más temida prisión. Hasta entonces todo transcurre como una serie de provocaciones de un paciente díscolo y libertario hacia su enfermera (terrible Louise Fletcher), que es la imagen misma del gobierno de cualquier país: complaciente, cínica y manipuladora, encontrando en el medio una especie de redención con la idea de libertad y de locura y contagiando esa avidez a sus compañeros de pabellón, incluso diciéndoles a los gritos: “…¿Qué se piensan que son, locos o algo así? ¡Pues no, no son más locos que esos idiotas que van por la calle!..." Exquisito…
Por ultimo voy a dos escenas que quedan en mi selección de las mejores de la historia del cine. La primera es McMurphy (el protagonista) relatando un partido de béisbol frente al televisor apagado, y haciendo que los demás “enfermos” festejen como locos (valga la humorada)… Es profundísima, todo un símbolo. Al que le quede el chaleco que se lo ponga y me discuta ese simbolismo. Y la segunda es la escena final entera. No encuentro mejor frase para terminar esta película que “… no te voy a dejar acá, te venís conmigo…”, y ese flashback que produce en la retina el bebedero de mármol, como diciendo “yo voy a hacer por los dos lo que vos no pudiste”.
En fin. No vale la pena mostrar demasiado de mis percepciones personales, tal es mi filosofía, sino recomendarla… y recomendarla otra vez, no sea cosa que se olviden de verla. Después de todo entre locos nos entendemos, o no?
